Sinforiano, el barbero cantor

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“Uno debe tener siempre dos profesiones. Cuando a mí me dicen: usted es muy mal peluquero, yo contesto: ¡no, es que yo soy músico! Y cuando me dicen: hombre, usted es muy mal músico, digo: ¡no, es que yo soy peluquero!”

Esa es la clave de Sinforiano Antonio Marín Granada, el de la Barbería Londres, de la cual algunos afirman que se trata de la más antigua de la ciudad, entre las vigentes. Y siempre ha estado en el mismo sitio: Boston, cerca del parque. Marcada con el número 56-23 de la carrera 39. Fue fundada en 1951 por Valentino Galeano, un hombre de noventa y siete años que dejó el oficio y la barbería hace seis para cedérsela en arriendo a Sinforiano.

Sinforiano nació el cuatro de abril de 1939. En un pueblo del Valle del Cauca llamado San Francisco, corregimiento de Toro, tan pequeño que ni sale en el mapa. Sus padres lo llevaron temprano a Quimbaya -entonces municipio de Caldas y, desde 1966, del Quindío-, al cual considera su patria chica, pues la patria es la infancia, como decía Gabriela Mistral.
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Da hambre rezar

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Bandeja, pesebre, cazuela de fríjol, María Auxiliadora, chicharrón, sacerdote Ramón Arcila.

Ésta es la composición de un mural en Sabaneta, junto a la iglesia de Santa Ana.

Y así, hubiera querido o no su artífice o sin querer queriendo, este mural resumió la economía de este municipio, el más pequeño de Colombia.

En fondo blanco, de colores deslustrados y ya carcomidas por el tiempo, están esas imágenes religiosas. Los nombres de las comidas son letreros -esos sí muy lustrosos- intercalados entre ellas.

Pertenecen a un restaurante situado junto al templo, en el que se ve una cortina de chorizos y al pie del busto de José Félix de Restrepo, que hace equilibrio en un delgado pedestal.

Y pensar que ambas actividades nacieron el mismo día de 1968, cuando a Nevardo Montoya se le apareció la Virgen y se la hizo ver a los demás.

Y desde ese momento, el entonces abandonado corregimiento de Envigado, de calles polvorientas y escaso movimiento, comenzó a desarrollarse atrayendo turistas que rezaban y comían, comían y rezaban.

Así, pues, desde entonces, lo que expresa el mural es cierto porque en ese municipio de 15 kilómetros cuadrados hay por todas partes ventas de velas, chorizos, novenas, morcilla, medallitas, pasteles de pollo, escapularios, papitas fritas, imágenes, albóndigas, estampitas, arepas, medallitas, empanadas…

El fotógrafo de los recién nacidos

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Óscar Manrique cree que fue el azar el que lo empujó a tomar fotos a los recién nacidos en la sala de maternidad de León XIII.

Siempre había sido un fotógrafo social y, como tal, acudía los domingos a la capilla de la clínica a hacer las fotos de la ceremonia de bautizos.

El nacimiento de un niño es siempre el nacimiento de una historia.

 

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La miscelánea de las curiosidades

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Si necesitas trampas para cazar vivos los ratones, ve a la Miscelánea de María Vargas. Ve antes de que se extinga.

Pacho, cacharrero de la miscelánea María Vargas

También allá puedes encontrar las tradicionales trampas de golpe para ratón –las consabidas tablitas con sistema de resorte y garfio para carnada, que se activa cuando el roedor la muerde -, si no quieres cogerlos vivos. Nidos de pájaros, ajuareros de mimbre para bebés, pilones con su mano, cucharas de palo largas. Y si eres minero de río o quieres serlo, puedes comprar allí una barequera de madera de naranjo de monte hecha en Tarso, resistente al agua, antes de abordar el bus que te lleve a Segovia o Zaragoza a buscar un afluente donde sumergirte.

María Vargas, su fundadora, murió octogenaria el nueve de agosto de 2007. Fue una mujer activa y despabilada en tiempos de la Plaza de Cisneros hasta el incendio que acabó con ésta en 1968; luego, en la Plaza de la América donde fue reubicada y, un año más tarde –ahuyentada por las pobres ventas- en el lugar que hoy ocupa este negocio singular, en Cundinamarca entre Maturín y Amador, para quedar muy cerca del mercado de El Pedrero, que remplazó por años la Plaza. Le compró un amplio espacio a Gabriel Fernández, el dueño de la arrocera Marfil, que allí funcionaba.

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Aguacateras de Palenque

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Rosa González, una de las cuatro aguacateras de Palenque que se sitúan en los alrededores de la Plaza de Mercado de Envigado, es dicharachera y locuaz.

Su figura delgada, sus movimientos ágiles y rápidos no revelan ni por asomo que el 20 de julio, Día de la Independencia -”y hasta me ponen bandera y todo”- haya cumplido 77 años y menos aun que en veinte años de matrimonio con la Gumbia, matarife de ganado en el matadero municipal, haya parido 21 hijos.

“¡Sí, 21 hijos. Todos con el mismo pilón, claro. Si en ese tiempo no había contrabando -sonríe-. ¡Quedaba preñada cada once meses! Y yo le decía: ¡pero Gumbia, mijo! Y él contestaba: “no mija, como es de bueno ver caras nuevas todos los días”. Qué tal que no se hubiera muerto en el setenta. ¡¿Cómo hubiera quedao yo?!”.

Pero viéndolo bien, reflexiona, ella no es que haya tenido tantos hijos: allá en Palenque, ese barrio de Sabaneta, hay otra mujer que parió 33.

Uno podría decir que Rosa fue tan fértil por el consumo de la fruta que ha vendido. ¿Al fin de cuentas, el saber popular no le atribuye al aguacate poderes afrodisíacos? Pero no. Ella no es que haya sido nunca muy aficionada a comerlo. Habría que preguntarle, entonces, a Eugenio Montoya, la Gumbia, si éste también era su caso, pero eso ya es imposible.

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La voz de Buenos Aires es Chunchurria Estéreo

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En Ayacucho, Buenos Aires reafirma su nombre porque huele a frituras.

Chunchurria Estéreo es Wilmar Echavarría

Y ese olor emanado de fogones protegidos con toldos blancos, se disfruta aun más cuando se llega a la venta de Chunchurria Estéreo. Pues él, un hombre siempre alegre, con cachucha, canta a pleno pulmón de cara a las carnes y al humo las canciones de Luis Alberto Posada.

Menos conocido como Wilmar Echavarría, Chunchuria Estéreo tiene siempre una canción para contestar. Para contar que trabaja día y noche, canta: Día y noche voy a tomar para disipar esta maldita pena.

Va revolviendo y partiendo con la espátula las tiritas de intestino, canta, mientras el hijo del dueño del fogón, Henry Calle, vierte aceite en silencio, como los demás fritangueros de los 40 puestos que hay en esa calle.

A Eduardo Miranda, conductor de Tax Ideal que casi todas las noches se acerca  a comer sin barjarse del auto, le canta viéndolo por la ventana ensartar los retacitos de tripa del platillo de icopor con un palillo de dientes.

Inaudito fuera que yo siguiera amándote así. Se acabaría mi orgullo y de seguro sería infeliz…

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Junior da patentes de guía

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Sebastián Jean Carlo Montoya (Foto Róbinson Sáenz)

Sebastián y Jean Carlo Montoya (Foto Róbinson Sáenz)

Buenos días. Mi nombre es Sebastián Montoya Flórez. Soy un niño guía de Santo Domingo. ¿Necesita una guía turística del barrio? Desde este mirador se ve toda la ciudad.

Esa construcción que ve allí, negra y en forma de roca, es la Biblioteca España. Fue diseñada por el arquitecto Giancarlo Mazzanti, un señor que tiene amigos en Italia. Yo no me acuerdo de haber visto al señor Mazzanti, pero él estuvo aquí. Fue  terminada en 2007. Tiene 5.500 metros cuadrados y costó 15 mil millones de pesos.

El metrocable hizo progresar el barrio. Tiene 27 torres y 100 cabinas. Y están pensando en extenderlo hasta Piedras Blancas, o sea el Parque Arví. Yo he ido por allá varias veces caminando con gente de por aquí. Leer más …

Los coleccionistas de todo

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De todo. Hugo García y Marta Restrepo coleccionan de todo. Licores, aviones, soldados de porcelana, relojes, cámaras fotográficas, palillos mondadientes… De todo.

Ella dice que quien comenzó con la idea fue él. Llegó hace 22 años, cuando decidieron unirse, con dos costales llenos de aviones y autos; botellas de licores colombianos en miniatura, como aguardiente Néctar, ginebra Katía, ron Viejo de Caldas y otros, y de mezcladores. Y llenaron cuatro repisas de vidrio.

Pero ella también aportó sus porcelanas: angelitos, santos, soldados y animales.
Y la estrecha vivienda, de dos metros de ancho por unos doce de largo, situada en la calle 44 y marcada con el número 50-16, cerca al cementerio de Itagüí, se veía llena de adornos, sí, pero podían reunirse allí los amigos de Hugo, trabajadores, como él, de Coltejer. Oían música, se tomaban unos tragos y podían hasta bailar seis parejas al tiempo. Ahora también se reúnen, pero no bailan. No pueden.

“En esa cama hacíamos pereza”. “¿Cuál cama?”, les pregunto. Sólo veo una cantidad inverosímil de muñecos de trapo, en un espacio un poco más ancho que el de la entrada, bajo las escalas que suben a la casa del segundo piso. Y más arriba, en repisas, cerros de tazas y platos de loza y porcelana, como en un almacén. “Es que debajo de todo eso hay una cama –explica Marta-. Incluso cuando estaba brava, ¿no cierto, amor?, dormía en ella y lo dejaba a él solo en la otra”.
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Jaramillo: elfo y perifonista

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Alejo Durán estaba visiblemente desesperado. Todo estaba listo para su presentación, en una caseta de Ayapel, pueblo de la zona donde era el rey. La plaza llena de gente, los músicos en la tarima del bazar de San Isidro, todo. Pero su bajista nada que llegaba.

Eran las ocho de la noche cuando el negro Jaramillo, bajista de Los Elphos, la agrupación que alternaría con él, se acercó para decirle: “maestro, yo conozco toda su música; venga a ver yo le hago el bajo”.

La gente bailó con El 039, Cachucha Bacana, Alicia Adorada, El Mejoral. Al terminar esa intervención, el costeño se acercó a Carlos Arturo, lo abrazó y le dijo: “¡Me has salvado! Me has salvado de quedarle mal a mis seguidores que me quieren tanto”.

Antes de eso se habían visto dos o tres veces en los estudios de discos Fuentes, ambos grabando álbumes con sus respectivas agrupaciones, “pero no creo que el maestro me recordara”.

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Maniquíes mutilados

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Alegorías de lo humano, los maniquíes poseen algo misterioso. Una incógnita parece iluminar sus miradas, sus gestos, sus movimientos congelados, sólo por el hecho de que los hemos dejado parecerse a nosotros, bípedos vestidos que damos la impresión de estar descongelados.

Obscenos. No, grotescos. Tampoco, crueles. No, no, más bien horribles. Así son los maniquíes mutilados, decapitados, decorporados que exhiben prendas en las vitrinas de la ciudad.

Un maniquí incompleto es un adefesio.

Si en el devenir de los tiempos, la especie –al menos ese sector comercial de la especie dedicada a vender los forros del cuerpo- ha decidido que tales muñecas y muñecos sean prototipos de lo humano, modelos, cada parte de ellos, por separado, no puede más que representar o ser prototipo de su correspondiente humana, también cercenada.

Tal vez por eso resulte molesto ver una parte, un muñón, un tronco sin brazos ni cabeza, una cabeza sin tronco, un pie apenas con tobillo…

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