Caleidoscopio de un caminante silencioso

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Así son los caleidoscopios: los miras y ves algo, te volteas y algo diferente se recrea, lo giras y novedosa visión aparece. Así miro la ciudad, la giro, la volteo y la sacudo, y sacudo mi cara para sacar telarañas, óxido de la mirada. Así la miro, la tomo por la izquierda y miro a ver si hay muñequitos adentro, como cuando mirábamos la radio de niños, a ver el locutor pequeñito encerrado en el radio azul que estaba encima de la nevera de mi casa.

Así son los caleidoscopios: la gente cree que el que se acerca es un malandrín y te encuentras una historia de vida, así sea triste. Lo volteas y le miras por otro lado, y es un sartal de signos que llevan historia. Juzgas al otro en su diferencia y ves que tiene la misma sonrisa tuya, así sea una sonrisa mueca, más alegre aun.

Carabobo, personaje de la calle.

Topacio brilla entre asfalto y cemento

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Un punto fático se culebrea entre afanosos peatones y bancas llenas de pacientes observadores; es naranja y sus rayos llegan hasta mí. Un caminao plumoso y rimbombante sellado con una sonrisa, plumoso por su estola para que no me miren mal, y su sonrisa generosa pero calculadora. No es ninguna boba.

“No me gusta prostituírme” y por eso vende su perico… tampoco me malentendás, perico paisa ques cafecito con leche. Tinto y perico vende por donde su sonrisa vaya iluminando. No es ninguna boba.

Y así andaba el 31 de octubre, día de disfraces. Pero no es el único día en que la gente se disfraza. Antes de votaciones, algunos, sólo algunos se disfrazan también: de mesías, de salvador, de mártir, de amigo, de buen amigo. Poquitos otros, sólo algunos bien poquitos se disfrazan de incorruptos, de corazón inmarcecible que no toca platas ajenas y cuyos bolsillos dicen estar cerrados con dobladillo y nudo ciego. Otros se disfrazan de Romeos sólo para beber de mieles genitales, otros se disfrazan de buseros que montan por la de atrás y mueven la registradora pa que pasés de lado, y así… muchos nos disfrazamos de algo y otros de Chapulín Colorado, bobo, pero inocente.

Carabobo, entre edificios Carré y Vásquez. 31 de octubre, día de disfraces.

La Reina de Nueva York

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Cómo desaprovechar el encuentro con este agradable personaje. Imágenes tomadas en el Parque de Bolívar en Medellín.

Golazo de Altavoz

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Bien por el programa Altavoz de Telemedellín, que se atrevió a llevar a Owaldo Gómez “La Reina de Nueva York” al programa en directo el día de ayer 13 de agosto de 2008. Llevar a este personaje al estudio, significa apretar los dientes y estirar el estómago por no saber con qué irá a salir este istriónico personaje de la farándula popular. Oswaldo estudió ocho semestres de derecho en la Universidad de Antioquia, dice que habla cinco idiomas “y que si me toca mamar, entonces ya son seis”  remata él, cuando una vez le pregunté por su nombre.

Es ciudadano colombiano y estadounidense, tuvo una breve aparición en la película Paraiso Travel y en el video de la banda sonora de la misma película. Así mantiene, variando su parafernalia de atuendos y con un gallo de lo más calmado del mundo, que abrió nido en la cabeza de Oswaldo y que no se baja de allí sino para dormir encaramado.

Bien por su aparición en Telemedellín y bien porque no sabe uno con qué va a salir, pero lo que haga o lo que diga, soltará uno siempre una sonrisa.

El que es caballero repite

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De mirada interesante, carrizo relajado y barba rebelde, posa este hombre al que yo llamo vagabundo. Porque para mi hay diferencias entre gamín, indigente y vagabundo; y este es vagabundo de los originales, de los que yo veía en las revistas de Periquita con bulto al hombro.

Lo gracioso es que meses después, quice tomarle fotografía a otro vagabundo en la misma plaza de las Luces en Medellín y cuando le pedí permiso para tomarle el poncherazo, este hombre se acomodó de tal manera que parecía un Déjà vu la tomada de tal foto. Resulta que este segundo personaje era el mismo que ya había registrado, solo que estaba afeitado.

Sonácrata, un motoaventurero

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Una mariposa reposó a mi lado, tal vez para escuchar también, las notas musicales que el viento traía de unos metros más allá de donde estábamos mi esposa y yo. Minutos antes un motociclista se había bajado de su moto con un estuche de guitarra rumbo al patio principal de aquel restaurante camino a Santa Fe de Antioquia. Unos leves sonidos de las cuerdas se escapaban hacia nuestra mesa, y aunque estábamos lejos, los armónicos  ritmos ambientaron nuestro almuerzo en esa jornada de vuelta a Medellín.

 

El artista tal vez cobró lo suyo, porque no se escuchó más y a nuestro lado pasó sin solicitar algún estipendio por su acto terminado ya. Sin embargo, algunos pesos le dimos ante el asombro de que habíamos alcanzado a escucharle. Pero más que dinero, le pedí unos minutos de su tiempo para que nos narrara su locura de ir en moto de bar en bar, de municipio en municipio, de restaurante en restaurante; recorriendo caminos inéditos o conocidos para él, acompañado de su guitarra amiga y de su moto cómplice.

 

Es Carlos Mario, un aventurero que lleva su talento en estuche de guitarra, recogiendo dinero para su primer cd, porque lo anteriormente recogido fue para su moto.  Y Ahí sigue, metiéndole primera a su vida y guardando de vez en vez, los anhelos de sus sueños. Y ahí va, marcando el pare en cada pueblo lejano para darse a conocer, para mostrar lo suyo.

 

 

Su tarjeta personal dice: Carlos Mario. SONÁCRATA. Cantautor / Cel: 311 322 50 21 / sonacrata@yahoo.es / http://sonacrata.blogspot.com

La bella Dany montando cicla en la marcha por la paz

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La bella persona de Dany salió a la marcha en su bicicleta con sirena prendida abriéndose paso en contravía en la marcha por la paz del 20 de julio en Medellín.

El señor, Medias de Seda

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Ser enigmático, habitante asiduo de la carrera Carabobo. Todas las mañanas usted lo verá a las 7:50, esperando que abran un almacén en particular, a la espera de cartón y papel para reciclar. No pide en otro lugar, ni tampoco su oficio es reciclador. Don Rodrigo, solo elige el material que el almacén de siempre le guarda y ya. Rodrigo hace su trabajo de clasificación de manera lenta y parsimoniosa, viste sus manos con un par de medias nonas y no es por escrúpulo que lo hace. Rodrigo me cuenta que las empezó a usar una vez que un perro lo mordió y lo que más me sorprendió… Se quitó las medias que usa día y noche para mostrarme sus manos; eso fue un acto de confianza que todavía me sorprende. Sus manos son blancas ya por la ceguera solar a la que son sometidas.

Ese es Rodrigo por si se lo encuentran y algunos le llaman, Medias de Seda. En las mañanas lo ven en Carabobo, en las tardes lo verán en la plazuela de la iglesia de la Veracruz haciendo nada. Invítelo a tinto.

Yo soy santo, virgen y pequeño

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Fui donde la abuela muy temprano. Me arrojé contrito sobre su seno y, sin que el tío lo percibiera, deje un beso y una lagrima conmovida sobre sus manos sarmentosas que amasaron en otro tiempo el perfumado pandequeso, para que yo lo robara luego del escaparate familiar.

 

¡Seno confortable y casto de la abuela! Al abrazarlo con unción nos sentimos reintegrados a la fuente de nuestra estirpe, oímos palpitar la entraña fecunda, genitora, que bautizó con su sangre nuestras venas e infundió en nosotros el espíritu divino que hoy asoma a nuestros ojos.  Recostar la cabeza sobre el seno santo de la abuela, es limpiar el alma de todos los pecados, es hacerse virginal y pequeño como un niño.  Yo lo sentí así.”

 

De la crónica “En el Pueblo”, Mesa de Redacción, El Espectador.  Medellín, 26 de junio 1920 por Luis Tejada

 

Yo soy santo, virgen y pequeño porque cada viernes que subo a almorzar en casa de mamá, terminado el manjar hecho a 4 manos y un corazón, yo me elevo a la dimensión de la digestión y reposo la panza en las piernas de mi abuela que yace obligada por mí, en un sofá conmovedor. Mi abuela cede ante mi presión semanal de cada viernes, y le pongo a rascar sagradamente mi cabeza, vicio que por estar casado solo puedo disfrutar una vez por semana, pero que de soltero era bálsamo diario para mi cuero cabelludo.

 

Por eso,  como dice Luis Tejada, Cada semana yo limpio mis pecados, me hago virginal y pequeño como un niño. Y no le robo pandequesos, sino que me da arepa. Y su escaparate es otro cuento.

En la Imagen: Juana Abreo, mi abuela. Está viva y este es un pequeño homenaje. Lo bello, hay que hacerlo en vida.

Créame que no soy de La Chiva

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Ella se acicalaba con exagerada insistencia, repasaba una y diez veces su cabello, se pintaba y se ponía bonita, atractiva al macho. Su pequeño espejo dejaba ver una mujer feliz y segura de si misma.

 Yo la observaba y caminaba directo a su tocador improvisado, no podía perderme esa imagen, la imagen de una mujer preparando su piel para la pasión. Su nombre es María y no dejaba de llamarme “Tarrao” que en Medellín significa alguien simpático. ¡Lo que es la ceguera laboral!

 Le pedí permiso para registrar el acicalar de su figura, ese peinar y esa vanidad que la hacía mujer. María aceptó en primera instancia pero dudó y antes de dejarse tomar la primera foto me hizo una pregunta que no es la única vez que me hacen: ¿Venga Tarrao, usted es de La Chiva?

 

 

Con un rostro ofendido y con un hilar de palabras que intentaban desquitarse de una reciente herida, María me explicó que el año pasado una periodista o practicante de periodismo vinculada con La Chiva también le había pedido permiso para tomarle unas fotos. Las imágenes se tomaron, pero María no sabía el contenido de la crónica que días después fue publicada en este tabloide y fue el titular el que ofendió en gran manera el orgullo de esta mujer que trabaja por el sector de la Iglesia de La Veracruz complaciendo los placeres afanosos de algunos que frecuentan el sitio.

 “La Catre Pobre” fue el titular con que María se encontró y que ofendió el honor al que ella tiene derecho según me comentaba. Bastante herida, María me explicaba que si bien ella sabía en qué consistía su trabajo, no tenían derecho a tratarla como lo habían hecho con ese titular y menos cuando la crónica hacía una comparación entre prostitutas de alto cobro y estas de tarifa más modesta.

 “¿La Catre Pobre?  No Tarrao, no es justo que a una la traten así. Vea, hay hombres que me buscan conversa y me dicen ¿Vea, quiere que nos tomemos un cafecito?. Y ellos me invitan a algún café y nos tomamos el cafecito y a veces…” Entre risas me dice con su mirada lo que pasa después del cafecito. María me narra con una delicadeza muy femenina el accionar de su trabajo, me cuenta y me saca de dudas y calma mi curiosidad y no deja de insistir en lo indelicada que fue la periodista de ese medio de comunicación que la engañó ocultándole información y haciendo esa comparación donde su ser salió lastimado. ¿La Catre Pobre, Tarrao? No es justo ese título Tarrao.

 -          María, yo no soy de La Chiva, entonces, ¿me deja tomarle la foto?

 Y María posó feliz y vanidosa, mujer ella y orgullosa.