Una mirada de verde descanso

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Es esto lo que me gano por sentarme en una banca a descansar.
Es esto lo que me gano por mirar hacia el cielo oculto por una sombrilla verde.
Es esto lo que me gané por no ver el cielo… ver la sombrilla que me cubría.
Este es el cielo que ví ese día que detuve mi caminar para descansar un poco.
Ese día mis ojos se tornaron de un verde que ingresó por el nervio central y se caló en cada una de las venas cercanas y entró ese verde en mi estómago y subió a mis pulmones no sé cómo, tapó mis calzas y se fue, así no más… pero quedé como relajado y contento, como quien se gana un quintico. Seguí feliz.

En Carabobo ya se disfrazaron

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Mi padre insistió con sus dádivas, que yo amara el fútbol y varias fueron las mudas completas que me regaló con la estampa del Nacional, (equipo que yo decía, era hincha). No lo logró. Sólo me gusta el fútbol de barrio, pero ni lo juego.

Mi padre insistió con sus dádivas, que yo fuera guitarrista y varias fueron las guitarras, en madera, de las buenas que él me regaló. Por años quedaron colgadas en la pared dejando un fantasma de mugre alrededor con forma de guitarra.

Mis únicos insipientes intentos con la guitarra eran en horas de la noche, cuando mamá regresaba de su trabajo. Ya en la cama, mi mamá me pedía que le tocara algún nuevo tema, “composición del niño”. - Las mamás son únicas y malas evaluadoras también -. Yo rascaba entonces esa guitarra, tañendo composiciones inmediatas y surrealistas, mamá entonces sonreía y aprobaba la nueva canción. Ya dormida ella, yo detenía mis manos prodigiosas “según ella” para descansar de esa primera opus y mamá despertaba para pedirme que no me detuviera, que siguiera que así se quedaba dormida… y así dormía ella, bajo las arrulladoras notas de mi guitarra, y decía además que yo tocaba muy bien… ¡Ah mentirosas que son todas!

Imágenes tomadas en Carabobo

Carta de CRISTIAN SUCERQUIA

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Me acaba de escribir un alumno, un correo que quiero compartir, dado el cordial manejo del mismo:

Cordial saludo profesor,
La presente es con el fin de manifestarle que no podré asistir a la clase programada para el día sábado cuatro de los corrientes en la Universidad de Antioquia, ya que por motivos personales debo ausentarme de la ciudad.
Agradezco la atención que se digne darle a la presente y me suscribo.
CRISTIAN SUCERQUIA

Respuesta/

jajajajajaj. Excelentisimo alumno, gracias por la dignidad de excusarse en la víspera. Espero que en una oportunidad posterior realice la esperada visita y no quede el conocimiento como un bien mostrenco.
Su Servidor y docente

Conchudez la de la paloma

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¡Eh, pero qué cosita pues! Ahora verá pues que todos los días aterrizarán en el techo vecino para otear y ver si ya les lanzamos el crudo arroz.

¡Es que son conchudas! Ahora verá que ya es obligación ir a comprar el arroz cristal, ese arroz partido que la gente le compra a los pájaros salvajes.

¡Y es que esperan las muy sinvergüezas toda la tarde hasta que se les eche la porción! Y no les da pena, ah no, ellas llegan muy sí señores, de algún patio contíguo a continuar la bacanal aquí. Y van es mirando pa entro ¡qué! Se asoman y atisban a ver si uno anda en la cocina o dónde. ¡Conchudas!

Imagen tomada en el barrio El Salvador, casa de Cristina Agudelo.

Borrasca miedosa el 24 de septiembre

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Los cuadros o zonas más blancas, son la acumulación de granizo en el patio de la Alpujarra entre la Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín.

Vista superior desde el piso cinco de la Gobernación de Antioquia

Edificio del Concejo y la Alcaldía de Medellín

El efecto golondrina

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Seis de la tarde y las golondrinas cerraron el caravanchel, dejaron de jugar en el aire y se fueron a acostar. Es 20 de septiembre y ni cuando viví un año en Puerto Berrío había visto tal fenómeno: millares de golondrinas atestaban los cables de energía de una cuadra en particular en Berrío.

Era imposible pasar debajo de tal cantidad de plumíferos sin ser bautizados por sus desechos que como misiles certeros caían en nuestras cabezas. El sector incluso huele a pluma de pollo mojado. Ni un torrencial aguacero las quitaba de los cables y los más gracioso es que casi todas se ubican mirando para el mismo lado.

No había rincón o cable que no fuera ocupado a la fuerza por tales aves. Algo curioso que quería mostrar y eso que no puse más fotos. Puerto Berrío, Antioquia.

Ritual de despedida

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¿Quién fue el primero que colgó los tenis en los cables de energía de algún barrio? / ¿Será que este particular ritual se realiza como una manera inconsciente de preservar la existencia propia? / ¿será como trofeo que se expone tras el alcance de una meta? / ¿Por qué este ritual de despedida para los zapatos viejos? / ¿Para qué retiro tan ostentoso, tan visible, tan cariñoso? / ¿Será ese miedo a la “cosa” extinta? ¿a la muerte última?

De pequeño vi, cómo después de un partido de fútbol barrial, el goleador se despidió de sus zapatillas desgastadas, amarrándolas de sus mismos cordones y lanzándolas al aire como a birrete de grados, y verlas enredarse en los cables primarios de energía, sin mayor despedida que su sonrisa.

Colombiacalle 2008

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Y entonces me fui por segundo día, a las afueras de Colombiamoda 2008 en Plaza Mayor y nada era novedad para mí y mi cámara. Las mismas caras, las mismas flacas, los mismos chiros y una gran ausencia de medios de comunicación o de montaje de escenarios.

Una presentadora internacional que posaba para la cámara de dos chicas admiradoras, me negó una foto sintiéndose ofendida tal vez porque la foto que le pedí no fue a ella sino a su bolso que tenía un rostro de Frida Kahlo. “No tengo tiempo” me contestó. “Vaya coma…” increpó mi mente.

Así que como no vi escenas que me sirvieran para mi estilo de fotos, me fui a un mejor lugar donde sé que cazaría algunas buenas imágenes o sonrisas; entonces dejé Colombiamoda, pasé la calle y me fui para Colombiacalle, donde me dieron sonrisas gratuitas, me propusieron escenas, me hablaron sin pedancias, me reafirmaron que todos SOMOS IGUALES. He aquí algunas fotos:

1. Modelos de ropa industrial. Tendencia de azules y verdes. Escenografía industrial, mecánica, urbana.

2. “Stand” de ropa industrial prelavada. Escenografía acorde al tipo de prendas.

3. Stand itinerante de prendas “Prêt-à-porter”, ropa interior casual, prendas en algodón y poliéster

4. Modelo con boina en color básico, crudo que genera contraste con su piel. El concepto es “Mi bella Cuba”

Y así… la verdad es que pasé mejor en Colombiacalle que en Colombiamoda, por lo menos las sonrisas allí eran sinceras y abundantes y yo hice la digestión de mi almuerzo un poco más tranquilo. !Mucha pedancia, mucha pluma de pavo real, mucho orgullo.

Imágenes tomadas en La Bayadera, zona de mecánica automotriz en Medellín - Colombia

La matraca

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La matraca era el nombre que le dábamos en mi casa a un reloj despertador bastante desbaratado y terco para morir. Se trataba de un reloj que dividió su vida en varias etapas. Era un reloj para mesa de noche, barato él, sin abolengos de marca o metal.

Su primera vida fue brillante y funcional, su siguiente etapa fue golpeada y algo pelada, sin embargo su timbre era ensordecedor y se destacaba no solo en las primeras piezas del hogar, sino en los hogares de ultra muro.

Luego le llegó una etapa extraña, donde, debido a los golpes, su funcionamiento era perfecto sólo si se ponía de lado como caído y protagonizando el “3″ la posición del “12″. Le llegaron los males de la vejez, pues este reloj barato ya rayaba los 45 años de edad funcional hasta que su mica o vidrio de protección, reventó. Ya no había que moverle desde atrás la manecillas porque se podían mover de primera mano por delante.

Los amigos de la casa que amanecían en ella, no entendían la nueva estética funcional de la matraca y lo ponían parado como debe ser, con el 12 arriba, pero de terco el reloj se detenía. Estaba enfermo ya. La hoja con los números se oxidó ya muy rápido sin la protección del vidrio y fue en una de sus tantas caidas en la que quedó manco del horario. La matraca había muerto contados 48 años aproxiadamente. ¡Y era un reloj barato! sin abolengos de marca o metal.

Imagen en la Semana Santa de 2008. Ritual del toque de la matraca en viernes santo. Envigado.

Mendigo por enésima vez

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Dada mi personalidad algo compulsiva, he de decir que tengo algo de memoria selectiva, así que pequeñas cosas diarias se me olvidan. Varios de mis actos diarios son mecánicos: Si no me unto desodorante antes de ponerme la camisa, se me olvida. Si mi billetera está tapada con algo, se me queda. Si mis llaves no están donde siempre las pongo, las olvido.

Es así como de estudiante universitario dejaba mi billetera en varias oportunidades y me tocaba ir a una tienda cercana a la estación del Metro a pedir prestado para el tiquete, dejando mi carné para que me creyeran que no era pal vicio y que de verdad regresaría a pagar.

Pues hoy fue uno de esos días, hoy fui mendigo por enésima vez. Llegué al Metro y mi billetera estaba sin su cobijita. Cero pesos oro me acompañaban en efectivo. Tarjeta Cívica del Metro, cero pesos digitales. Tarjeta débito y crédito, pa qué si noai cajero. Berrionda piedra* (rabia extrema infantil) que me subió de inmediato.

Acostumbrado a los menesteres pedigüeños (Sólo en esos casos), me fui pa la tiendecita donde compraba café con leche en las noches. Negativa rotunda, clara y directa de la señora, y que se olvide que le vuelvo a comprar. Tocó quedarme en las escaleras de la estación a ver qué conocido llegaba, pero desas cosas de MURFY el legislativo, nadie conocido pasó.

15 minutos de espera y a alguien que revisaba su billetera le pregunté si tenía un tiquete de Metro que me regalara. Un positivo sí y una sonrisa me dieron lo que necesitaba, no sin antes hacerme las preguntas de rigor a ver si era pa droga que yo pedía. Qué pa onde iba, que a qué estación y que si era tiquete pal Metro o pal colectivo.

Y yo que me monto y ahí sí me encuentro tres conocidos. El caso es que llegué a mi oficina y aquí estoy contandoles la vaina. Hoy fui mendigo por enésima vez, pero como dice alguien a quien amo y que me bautizó “Mono”; es mejor madrugar a trabajar, que a buscar trabajo. Jhon Jairo, gracias por el tiquetico hermano, que Dios te dé un regalo hoy mismo.

En la foto: Vagabundo en Carabobo, frente a la iglesia de la Veracruz.