Con coros de alabanza se alimentan algunos
Octubre 28, 2008 6:48 am EditorialPor qué no están rascando la tierra con sus negras uñas que rescatan papas de la tierra, por qué las matas de cebolla no volvieron a pelechar. Se secó el papayo que crecía atrás, en el solar, donde la vieja Araminta botaba las cáscaras de plátano y el afrecho del maíz.
Por qué los marranos cogieron camino al monte, vestidos de costillas como perros ambulantes. La gallina no volvió a trepar el limón porque seco está y su sombra se extinguió. Ya no huele a leña que olía tan bueno, que me hacía sentir de verdad en el campo, que me daba la bienvenida y la despedida con su fragancia inserta en mis ropas.
Ya no se monta la olla cuando llega la visita de la ciudad, ya no se pone a secar la carne y a madurar los bananos en el garabato encima del fogón de leña donde siempre humea una aguapanela. La máquina de moler entró en sindicato y en paro definitivo después.
Ya pocos quedan en el campo desde 1948. Y la ciudad nunca será su territorio. POr eso hacen de su barrio una cantina y de sus tiendas, mercado de pueblo. Imagen de una familia, cantando coros pentecostales para el sostenimiento de la misma. Carabobo.


Aquiyosolita :
Date: Octubre 28, 2008 @ 12:20
Sentida descripción de lo que estamos perdiendo por tanta violencia, y con el mal augurio de que no lo recuperemos nunca, porque el que llega a la ciudad, ya de ahí no se quiere ir, así le toque duro pero sus hijos no regresaran al campo y éste triste y abandonado morira en el recuerdo de lo que alguna vez fue.Abrazos.