La belleza de lo inesperado

Ventas ambulantes 3 Comentarios

Al comenzar mi clase de Comunicación Visual, Camilo curiosamente me preguntó: ¿Profe, no le da miedo tomar esas fotos tan terroríficas?. Mi alumno se refería a las imágenes que publico en mi blog. He de decir que los adjetivos que usan las personas hablan mucho de lo que tienen dentro, por eso me impactó más que la pregunta, el calificativo de “terrorífico” a unas fotos que simplemente reflejan la vida en barrio, los ritmos del centro, la lluvia verdadera o la realidad de las cosas simples.

 

La pobreza es un estado mental y no una condición económica, la fealdad es una etiqueta personal según la mirada del individuo. Si mis fotos se enfocan principalmente en ambientes populares como el centro de Medellín o el cordón de barrios fundados por el desplazamiento y la violencia, es porque allí encuentro sonrisas inocentes sin vicios mercantiles, porque encuentro cocinas recursivas y colores varios en fachadas reservadas. Visito esos barrios altos porque encuentro ropas que bailan al son del viento en un caluroso día.

 

Historias humanas son las que registro en mi bitácora de vistas y letras, un diario que hoy me tiene mucho más feliz de lo que permanentemente soy junto a los que me rodean. Son imágenes de una belleza ignorada, realidad de sancochos y descansos de lucha. Es la belleza de la vida sin siliconas en el alma. 

Imagen tomada en la calle Boyacá, al lado de la Iglesia Nuestra Señora de la Candelaria. Calle donde pululan, decenas de ventas ambulantes “Ya casi fijas”. Una calle que me encanta transitar, por las sorpresas que encuentro cada día. Venta de instrumento para cortar frutas, verduras y horatilzas para la buena presentación de ensaladas.

Hay que echarle Brillametal a la Tacita de Plata

Editorial Sin Comentarios

Justo detrás del Hotel Nutibara en Medellín, esta “Pirámide” de basura reposa muy oronda, desperdigada por este separador vial. Si Bogotá tiene problema con sus sempiternos huecos, Medellín inicia su carrera “maluca” con las omnipresentes basuras.

La responsabilidad de este problema tiene varios matices: Los indigentes que en horas de la noche, desgarran las bolsas, cual teguas haciendo un legrado, para sacar las comidas vinagres y podridas y rescatar algún material para el bazuco. La percepción que tenemos varios, de una disminución en el personal de escobitas haciendo aseo. El descaro de los comerciantes que sacan la basura en días y horarios que no corresponden. La cochinada de algunos ciudadanos que de aseados, educados y con conciencia urbana, pocón pocón.

Añoro esos tiempos que que tomábamos aguapanela en Tacita de Plata y no en ponchera pordiosera.