Los aromas de una zapatería

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Toma por su cuenta aquel zapato viejo, cuyo honor se ha hecho en Cartagena, meter la mano adentro en el vacío, llenar con los dedos el espacio que ocupa el pie, examinarlo y darle el dictamen: Hay que cambiarle suelas. Un cuchillo desgastado de mil afiladas despega el zapato del zapato, y entonces la suela vieja es mudada para dar paso al nuevo caucho que amortiguará un cuerpo cansado de tanto caminar.

Tres clavos reposan entre labios como punkero acicalado, toda la herramienta es puesta en marcha mientras el paciente espera. ¿Es muy grave el asunto? - No señor, son las suelas, hay que cambiarlas. ¿Cuesta mucho? - Por plata no se preocupe que no dejamos de negociar.

Las medias entonces del viejo paciente, respiran y conocen mientras tanto, los venires de la Avenida San Juan, calcetines casi únicos, húmedos y aventureros. Descansemos mientras tanto, mientras la piel inferior de los zapatos es cambiada, mientras su piel es mudada y pueda él de nuevo encerrar sus pies en esa cárcel necesaria.

Imagen tomada en la Avenida San Juan en Medellín, cuadra arriba de Bolívar.