Yo soy santo, virgen y pequeño

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Fui donde la abuela muy temprano. Me arrojé contrito sobre su seno y, sin que el tío lo percibiera, deje un beso y una lagrima conmovida sobre sus manos sarmentosas que amasaron en otro tiempo el perfumado pandequeso, para que yo lo robara luego del escaparate familiar.

 

¡Seno confortable y casto de la abuela! Al abrazarlo con unción nos sentimos reintegrados a la fuente de nuestra estirpe, oímos palpitar la entraña fecunda, genitora, que bautizó con su sangre nuestras venas e infundió en nosotros el espíritu divino que hoy asoma a nuestros ojos.  Recostar la cabeza sobre el seno santo de la abuela, es limpiar el alma de todos los pecados, es hacerse virginal y pequeño como un niño.  Yo lo sentí así.”

 

De la crónica “En el Pueblo”, Mesa de Redacción, El Espectador.  Medellín, 26 de junio 1920 por Luis Tejada

 

Yo soy santo, virgen y pequeño porque cada viernes que subo a almorzar en casa de mamá, terminado el manjar hecho a 4 manos y un corazón, yo me elevo a la dimensión de la digestión y reposo la panza en las piernas de mi abuela que yace obligada por mí, en un sofá conmovedor. Mi abuela cede ante mi presión semanal de cada viernes, y le pongo a rascar sagradamente mi cabeza, vicio que por estar casado solo puedo disfrutar una vez por semana, pero que de soltero era bálsamo diario para mi cuero cabelludo.

 

Por eso,  como dice Luis Tejada, Cada semana yo limpio mis pecados, me hago virginal y pequeño como un niño. Y no le robo pandequesos, sino que me da arepa. Y su escaparate es otro cuento.

En la Imagen: Juana Abreo, mi abuela. Está viva y este es un pequeño homenaje. Lo bello, hay que hacerlo en vida.

Se perforan orejas sin dolor

Ventas ambulantes Sin Comentarios

Ventas ambulantes en Carabobo

¡Eso fue tenaz! La experta en esos menesteres calentaba la punta de un gancho, de esos de asir pañales, sobre la llama de un cabo de vela. Otra mano mientras tanto, derretía un hielo sobre el lóbulo de la oreja de mi hermana. Recién había nacido por esos días y ya estaba sometida al primer ritual de iniciación que la identificara como mujer: perforar la oreja para que cuando la vean en el cochecito no le digan… !Ay, tan lindo el niño, cómo se llama!

La señora experta, tomó la aguja y al otro lado del lóbulo la esperaba un corcho para detener la punta, el hielo había hecho lo suyo, privar del dolor. Un quejido, un llanto y su bendito hilo pa quel hueco no se cierre. Amén que ya es mujer.

En la imagen: Venta de manillas, aretes, rosarios, cadenas en la carrera Carabobo.