El Baúl de los Juguetes - Crónica
Junio 13, 2008 8:00 am CrónicasA la una…
Un niño arrastra un carrito de madera, tirando de una cuerda en plena Alpujarra. En Moravia, Yovany juega con un carro hecho de una lata de gaseosa con ruedas prestadas de algún camión extinto. Yoanina acaricia el viento con una veleta y Dubian le puso tapas a una cajetilla de cigarrillos para hacerla rodar. Juan Diego y Nicolás lanzan bolas a una caja con madrigueras.
No puedo dejar de sorprenderme al ver tales juguetes, eclécticos modelos creados de la necesidad de sonreír por horas. Alegres adaptaciones que demuestran ingenio y creatividad. Mientras jueguen, los niños no saben [C1] de pobrezas aunque vivan en ella, no saben de mercados menguados o del devenir de cuentas por pagar. Ellos son ingenio e inocencia, desarrollo y acción, originalidad y pasión.
Paralelo a esta clase de juguetes llenos de recursividad y de afanosa necesidad, están los que llenaron nuestra niñez de inmensa alegría, pequeñas realidades impresas en láminas de hojalata, simulaciones fantasiosas de la cocina de mamá, aviones de pila mediana que cambiaban de ruta al primer choque, sirenas ambulantes, juguetes de cuerda. Es que hasta destapar las salchichas enlatadas era todo un juego; insertar la llave en la pestaña y dar cuerda alrededor de la lata para compartir con tu mejor amigo el frío manjar.
Es el juguete, es el juego, es la academia temprana de futuros roles, es la socialización de inéditos guiones, de la fantasía, de la creación de inocentes momentos de otra realidad.
Es por eso que quiero que los niños vuelvan a jugar carros y se escondan nuevamente a la voz de cien, que quemen la olla y boten el tarro o que hagan zancos con él; que manejen llantas con dos palos de escoba o azoten una llanta de bicicleta, que se vendan más caballitos de madera y se pongan de moda los ula-ula. Que se pinten golosas en la calle y se corran vueltas a Colombia con tapas cargadas de cáscara de naranja. Que regresen mis juguetes viejos, mis juguetes de hojalata.
…a las dos…
Motivo a niños que cedan tres horas de sus consolas digitales para construir sueños, armar sonrisas, desbaratar aburriciones; para jugar con sus pares, salir de encierros y de picarescos diálogos virtuales. Que pinten de nuevo, que hablen por teléfono con pita de cometa y vasos de Chambourcy (mentiras que esos ya no vienen), que no esperen que llegue agosto para elevar papagayos.
Busco cascabeles hechos con tapas de gaseosa para navidad, silenciosas pompas de jabón, muñecas de trapo sin diálogos en sus entrañas, busco expertos en pirinola y en patinetas de balineras.
…y a las tres…
Deseo meterme en la intimidad de algún desván en busca de tesoros escondidos, esculcar en baúles jubilados y cajones de rebujo, cavar en solares ajenos, en los techos de Santo Domingo, deseo recuperar los míos, comprarlos de nuevo, jugar otra vez. (recibo donaciones…)
A veces voy de compras a los Puentes y a los bajos del metro por el Nutibara, con uno que otro alumno a recatear algún juguete de metal, alguna lupa averiada o algún aparato raro. Es así como he recuperado mi viejo View-Master, mis viejos carros, mis sueños botados. Allá vi mi pistola espacial dorada que botaba chispas, mi robot que proyectaba el espacio en la panza, allá el dominó Bicicleta, allá la risa.
Anoche soñé que montaba de nuevo en los triciclos de San Diego, que mamá no creía ya en la violencia y dejaba mi independencia pedalear con total libertad, soñé que Diana mi esposa servía aguapanelas frías en pequeñas vajillas de aluminio y de peltre, soñé que reía con el Mago de Oz y el hombre de Hojalata, soñé con Gepetto haciendo mentirosos, anoche soñé despierto.
Salí…


Sergio :
Date: Diciembre 2, 2008 @ 6:11
Me alegra mucho encontrar a alguien con quien compartir los mismos sentimientos. Cuando pequeño, Yo siempre cuidé mucho de mis juguetes, lo que no significó que no los usara e incluso que compartiera el juego con mis amigos del barrio.
Después de la separación de mis padres vino la mudanza y algunas bolsas fueron a parar a un altillo en la casa de mi abuela materna.
Hace unos meses, con mi madre ya emferma y uno, a pesar de que ya es un hombre grande, con esa nostalgia de las buenas épocas de la niñez, recordé que habían algunas cosas en lo de la abuela.
Te puedes imaginar que tremenda alegría al ver que eran unas diez bolsas grandes, repletas de juguetes, las que estaban allí, como esperando en una cápsula del tiempo.
Además había material impreso, como albumes y revistas.
Fue como tener a los cuarenta, un enorme regalo de reyes.
Diga que mi señora también disfruta recordando la niñez y toleró el despliegue que le hice en el estar de casa.
Un abrazo
Sergio