Esa pesa está mala

Ventas ambulantes Sin Comentarios

- ¡Ay mamita, usté está como subidita!
* ¡Eh, tan confianzudo!
# ¡Ay Mayeli, peroes ques verdad. Usted como ha subido mija!
* Yuli, ¿Será questoy embarazada? Pere yo me quito los zapatos, que esos son los que pesan
= No señorita, eso no bajó ni cinco. Ese es su peso.
* Ay Yuli, osea que lo del atraso va a ser eso
# Hum, ay Mayeli, la van a e char de la ca sa mi ja
- Pues si la van a echar de la casa, vaya pagándome los 500 pesitos niña.

Ritmos cotidianos en las afueras del Palacio de la Cultura. Medellín.

Se hace escuela al andar

Corresponsales, Municipios Sin Comentarios

Colaboración de Carlos Torres, del Departamento Administrativo de Planeación de la Gobernación de Antioquia. Imagen tomada en Arboletes, Antioquia.

No importa si hay zapatos o no, no importa si las ropas uniformadas están, no importa si la panza está llena, porque estos arrieros de la educación están dispuestos a llevar escuela donde sea. Tanto los niños que llevan material, como los docentes de Antioquia, que así tengan que viajar en chalupa, lomo de mula o a pie largas jornadas, están dispuestos a enseñarnos los secretos de las letras y los abstratos números.

Amigas en arrastraderas y a pie limpio

Municipios Sin Comentarios

¿Y usted questá ciendo a pie limpio en la calle? Meacel favor y pa entro, y póngase hacer tareas más bien. ¡Ehhh! Vena este pues, dizque andando descalzo como si no tuviera zapatos, o siesque no tiene, diga ver pa irle comprando unos.

 

Y ahí se le acababa la sonrisa a uno. Terminaba el ratico libre para los pies y terminaba esa alegre algarabía de las tardes en épocas de colegio. Las calles quedaban vacías porque las madres de los que jugábamos se unían cual cofradía a entrarnos a todos.

 

Mamá buscando cualquier oficio qué ponerme, miraba entonces mis cajones y repetía como siempre: “Vea qué desorden, hasta culebras debe haber ahí”. Y muy sí señor, me tocaba sacar todas las camisas y doblarlas de nuevo con el ritual que me enseñaron. Si eso no satisfacía a mamá, entonces seguía con la trapiada, tres pasadas para ser exacto.

 

Pero usar zapatos también era un problema a veces cuando jugaba… esa se las cuento después.

En la imagen: Combo de amiguitas en Sopetrán, Antioquia. 

Mercados populares en Israel

Corresponsales, Paises Sin Comentarios

Natalia Trujillo “Paparazzita”, nunca abandona su cámara. Pidió visa para ir a España y se la negaron, así que en cuestión de minutos decidió irse para Israel y Egipto. Naty Tru trabaja en Conconcreto y nos trae estas imagenes urbanas como sacadas de la misma plaza de cualquier ciudad.

En sus palabras:
Foto 1. Jerusalem Israel.  Dentro de la ciudad antigua se encuentra esta tienda de venta exclusiva de condimentos, vinagres y aceites.  Los productos se encuentran ordenados compulsivamente. La montaña de la tienda colorida, es una montaña de especias y el comprador llega y saca su producto de esa montaña, miren que la parte de abajo está menos pulida.
Foto 2. Jerusalem Israel.  Variedad de aceitunas y pepinillos. Los baldes atrás contienes pepinos (creo que bastante salados).
Foto 3. Tel Aviv Israel.  Mercado de Jaffa.  Tienda cachibaches (collares, pulseras, aretas, pañoletas).

Mendigo por enésima vez

Cosas que me pasan Sin Comentarios

Dada mi personalidad algo compulsiva, he de decir que tengo algo de memoria selectiva, así que pequeñas cosas diarias se me olvidan. Varios de mis actos diarios son mecánicos: Si no me unto desodorante antes de ponerme la camisa, se me olvida. Si mi billetera está tapada con algo, se me queda. Si mis llaves no están donde siempre las pongo, las olvido.

Es así como de estudiante universitario dejaba mi billetera en varias oportunidades y me tocaba ir a una tienda cercana a la estación del Metro a pedir prestado para el tiquete, dejando mi carné para que me creyeran que no era pal vicio y que de verdad regresaría a pagar.

Pues hoy fue uno de esos días, hoy fui mendigo por enésima vez. Llegué al Metro y mi billetera estaba sin su cobijita. Cero pesos oro me acompañaban en efectivo. Tarjeta Cívica del Metro, cero pesos digitales. Tarjeta débito y crédito, pa qué si noai cajero. Berrionda piedra* (rabia extrema infantil) que me subió de inmediato.

Acostumbrado a los menesteres pedigüeños (Sólo en esos casos), me fui pa la tiendecita donde compraba café con leche en las noches. Negativa rotunda, clara y directa de la señora, y que se olvide que le vuelvo a comprar. Tocó quedarme en las escaleras de la estación a ver qué conocido llegaba, pero desas cosas de MURFY el legislativo, nadie conocido pasó.

15 minutos de espera y a alguien que revisaba su billetera le pregunté si tenía un tiquete de Metro que me regalara. Un positivo sí y una sonrisa me dieron lo que necesitaba, no sin antes hacerme las preguntas de rigor a ver si era pa droga que yo pedía. Qué pa onde iba, que a qué estación y que si era tiquete pal Metro o pal colectivo.

Y yo que me monto y ahí sí me encuentro tres conocidos. El caso es que llegué a mi oficina y aquí estoy contandoles la vaina. Hoy fui mendigo por enésima vez, pero como dice alguien a quien amo y que me bautizó “Mono”; es mejor madrugar a trabajar, que a buscar trabajo. Jhon Jairo, gracias por el tiquetico hermano, que Dios te dé un regalo hoy mismo.

En la foto: Vagabundo en Carabobo, frente a la iglesia de la Veracruz.

Morcilla de Tejelo

Frutas y verduras 1 Comentario

Famoso en Tejelo, es la carnicería La Española en cuyas afueras se vende morcilla por montones y si usted pregunta que a cómo la libra, entonces la señora del dedo mocho y su ayudante le dan un pedazo de buche u obispo para que vaya probando el sabor.

Esta señora toma su cuchillo extra largo y con su mano de dedo ausente, detiene la morcilla para que no se le mueve mientras hace el corte. La sal es derramada sobre tal manjar de dientes negros y la compra es envuelta en papel kraf, ese mismo que se usa en los bultos de cemento.

En la imagen, mercado popular en Tejelo, detrás de EEPPM.

Carretilla Mazda

carretillas Sin Comentarios

Carretilla Mazda N° 213 para venta de Guayaba con paisaje de San Andrés. Dirección mecánica. Estacionado en Tejelo, donde la señora del dedo mocho vende una buena morcilla. Al fondo, señor con panza afuera.

Manjar de los Sentidos. La sublime belleza de lo cotidiano / Crónica

Crónicas Sin Comentarios

 

Una pirámide sin terminar de manzanas rojas se presenta como cuadro impresionista al ir a mercar. Un derrumbe de papa capira se me antoja a 1.000 el kilo; un manojo de amarillos reposa en mi mano, pero hoy no llevo papa criolla. ¿Va a llevar cilantro? No más 300 por favor. ¿Y cebolla? ¡Está fresquita¡ No, más bien écheme ahí dos maduritos. ¿Y la zanahoria a cómo la tiene? ¡Que no esté tan paluda pues!

 

Son las cosas pequeñas, los momentos menospreciados, los olores desapercibidos, las caricias no sentidas. Es la sublime belleza de lo cotidiano, eternos milagros que se nos presentan cada día en medio de afanes insalubres. Es resucitar los sentidos del sueño permanente que produce el acostumbrarse a esperar lo extraordinario, a veces, se ve más en el reposo, se escucha más en el silencio, se siente más cuando escampa. ¡Qué más milagro que una sonrisa!

 

No hace falta jugar con cuña y combinado para ser felices o comprar un “quintico” para asegurarnos hasta la partida; hace falta más bien, no tomar un tinto con café de grano sin antes olerlo o jugar con él y nuestra lengua, oler una ensalada con albahaca, rescatar una tostada remojada en el café, probar el naufragio de queso en chocolate de carretera o casero que es mejor. Dejar unos instantes el pan remojado en vinagre balsámico en nuestra boca en algún restaurante italiano, jugar, probar, tentar primero, comer entero.

 

Caminar con pasiva reflexión percibiéndolo todo, pisar el pasto a pie limpio, recorrer texturas urbanas, observar muros parlantes con arengas de un primero de mayo. Visitar alguna plaza de mercado para ver en directo, obras del puntillismo o impresionismo del siglo 20. Mirar tres veces los colores de las frutas, y cómo los venteros en el centro las organizan, cómo las exhiben, cómo el mercadeo. Sacar el codo por la ventana, mirar para afuera y dejar que el viento nos peine a su manera. Mirar la ciudad desde el avión. Buscar rostros cuando miramos techos de madera. Ser el primero en leer la prensa bien doblada. Volver a ser humanos, a ser sencillos, a percibir.

 

Parar oreja (detenerse y percibir) y escuchar voceadores ambulantes, vendedores de “maaasamorra piláa” con colores de voz que se identifican desde la esquina, (Otro canta “mórraaa” pero ese no encima nada). Escuchar las guacamayas de la Plazuela Nutibara. El bosque de bambú de Pies Descalzos que nos arrulla a los que dormimos de vez en vez cuando el viento juega entre las hojas. Escuchar cómo los vendedores de pompas de jabón en los parques no dicen nada, nunca vocean, nunca gritan, porque las mismas burbujas se venden solas.

 

Oler lo que se nos presenta de manera gratuita: Un cuerpo recién bañado, una sábana recién cambiada, el delicioso aroma a carro o tenis nuevo (¿Cómo preservarlo?) Atreverse a entrar en alguna librería con el único fin de robarse seis minutos de fragancia de libro intacto, tomarlo, tocarle las hojas vírgenes y pasarlo abierto por la nariz para aspirar aromas de goma y papel. Visitar carpinterías o tienda de muebles y percibir las maderas todas ¿qué tal el comino crespo? ¿qué tal los pinos subiendo por Las Palmas? ¿qué tal el olor a campo, a finca campesina, a boñigas bienhechoras de la tierra?

 

Es vivir la vida sencilla, sentir la cotidianidad de manera extraordinaria, bebernos esta existencia hasta el fondo para poder partir felices y llenos en cualquier momento. Es encontrarnos 5.000 pesos en el bolsillo del pantalón que no usábamos hace 15 días o es la alegría de mi Diana cuando es ella la que los encuentra.

 

Es vivir la vida como la deben de estar viviendo los secuestrados que huyeron o han liberado, que extrañaban las cosas más sencillas de la vida: un dentífrico, una toalla, una cobija, dos cucharadas de azúcar y una sonrisa familiar, un colchón amigo, amanecer viendo su esposa, los traguitos de mamá, caminar sin cuerdas atadas, los balbuceos de su prole, acostarse en el sofá, vivir, caminar y amar.

 

¿Para dónde vamos hoy entonces? La billetera no importa, ¡Sólo importan los sentidos!

 

En la imagen, Venta de mangos en Támesis, Suroeste de Antioquia.

Gol de Matilda

Vitrinas Sin Comentarios

Jairo Mosquera ni se imagina las risas que provoca al insistir en la paternidad que asumió de su primer hijo Perico Mosquera. No se sabe cómo Matilda le metió ese golazo a Jairo. Jairo insiste que es una enfermedad que sufrió su tatarabuelo y la heredó el niño que es el alma de sus ojos. Jairo ya no tiene amigos porque no soporta más la burla de sus coterráneos e insiste que Perico, tiene la misma nariz de él y sus hermanitos.

Cuentan las malas lenguas, que han visto mucho en la mina, al viejo ingeniero alemán que inició las obras en el año del derrumbe de la escombrera.

Venta de muñecos en El Hueco, zona de Guayaquil. Medellín

Empanadas que es lo que más se vende

Municipios Sin Comentarios

Cientos de iglesias en Colombia se han construido con las famosas empanadas, alimento bienhechor del cuerpo del Cristo, maná de la tierra. ¡Ay qué ricas ellas con su carne ausente! Empanadas papales (que solo tienen papa).

Elegantes las muy sí señoras de tacón alto, grandes y generosas. Benditas  y bienaventuradas las que vienen con dádivas de carne, así sea de dudosa procedencia. Las hay posmodernas rellenas de maicitos y quesos.

Pero nada como la conservadora empanada papal, de costra crocante, caliente y recién bautizada por mantecas amarillas. Esa, la pequeña, la que construye muros eclesiales, la ausente de carne, la sebadora… ¡Ay mis lectores externos de Colombia, ah maná del que se pierden!

Confieso eso sí, que yo no compro empanadas, sino que compro encurtido y le echo empanada. ¡Ah no, es que empanaita si pique eso si no! Ahí sí soy liberal. / Y hablando de comida, les recomiendo el blog de Verónica ¿Con qué se come?

En la foto, insumos pa las empanadas. Marsella, vía a Támesis. Suroeste Antioqueño. Bien pudo ser fundada Medellín en el valle del Cartama.

Partimos pa San Antonio de Pereira

Carritos para empujar Sin Comentarios

Ha evolucionado la manera de andar en bus intermunicipal: Primero eran los buses con bordes curvilíneos que tenían rejilla atrás, había que decirle al chofer que parara que uno tenía urgencia urinaria. Para esa época era frecuente compartir espacio con las hermanas gallinas, con costales de cabuya pululantes de verdura y con petacas de tamaño colosal.

Pasamos a lo mejor que podía suceder… estrenar Pullman. Recuerdo que para ese entonces, la terminal de transportes de Medellín era un garaje rodeado, más que de buses, de bándalos y carteristas. Uno entonces se asomaba al atestado garaje a buscar el bus #236 que le correspondía y era uno apretando dientes para que fuera el bello Pullman con su sonido ronco de poder. Allí la miada era igual, con permiso del chofer o desde la puerta en movimiento.

Luego, algo inimaginable… el Termoking. Ese morrito que tenían atrás estos buses, hacía de este tipo de bus, un carro futurista, avante, punta de lanza en cuestión de transporte. Por fin uno podía ir al baño a voluntad y ver televisión aunque fuera mil veces Terminator o todas las de Bruce Lee.

Y así… Llegó el Rey Dorado con su punta de bala, el conservador pero con doble televisor Scania y así…
Pero nadie cambia la rumba en su bus escalera… será por la facilidad en caso de antiperistaltismo pa que no suene feo pues.

Chiva para empujar en San Antonio de Pereira, Rionegro.

Diana

Mis Invitados Sin Comentarios

Con esta historia, comienzo mi sección de Invitados de Honor, donde invitaré a mis amigos y conocidos a ser parte de este proyecto, con sus crónicas, cuentos o historias. Esta colaboración es de Gloria Cecilia Estrada a quien le envié una foto para inspirarla. Su texto nada tiene que ver con la foto,  “…pero me recordaron algo que escribí hace un par de años…” remata Gloria. / La imagen corresponde a un obrero comiendo en su jornada de descanso. Estación Andalucía del Metro. Construcción de muro de contención.

“Diana” Por Gloria Cecilia Estrada Soto*

A mi prima Diana le preocupa que la deje el compañero con el que se fue a vivir hace siete meses, el que le sacó a crédito nevera y lavadora y dijo que haría hasta lo imposible por hacer pasar a Laura, de seis años, como su propia hija, para hacerla beneficiaria de su servicio de salud.

El dolor de cabeza la hace madrugar más de la cuenta; por eso tiene más tiempo para quejarse de sus desventuras. Migrañas que se repiten porque teme tener que volver a vivir sola, sin con qué darle un vaso de leche diario a su hija, viviendo del fiado y pagando a usureros dueños de una pieza con baño y mesón que le cobran cien mil pesos o más por un alquiler en estrato 1.

Si el compañero la deja, Diana volverá a tener lo que tenía antes: dos camas sencillas, un aparato de teléfono, dos ollas, dos platos y algo de ropa. Tendrá que olvidarse de las facilidades que ha tenido en los últimos meses. Ésa será una parte de su tragedia. La otra parte será aceptar que, a sus veintiocho años, sigue dando tumbos en la vida sin encontrar a un hombre que la ame por más tiempo y la valore por encima de sus sesenta kilos de peso.

Al menos ahora, por ahora, hasta julio, Diana tiene trabajo. Después, nadie sabe. Sobra decir que vive unos días de zozobra que apenas logra distraer viendo algo en la televisión.
Para ella, la guerra de este país y sus presuntos intentos de paz no dejan de ser un dato, a veces curioso, que se comenta de pronto, pero que no determina nada en su vida. Diana puede comentar la última bomba, el regaño del Presidente, lo que unos señores encontraron en el computador de un paramilitar o de un guerrillero, la inundación en algún pueblo (en cualquier pueblo), como cosas tan ajenas, tan lejanas. No son suyas esas cosas. Tampoco lo son esos asuntos que no logra entender sobre reformas políticas, elecciones legislativas, contaminación ambiental, y tanta, pero tanta cosa, que esbozan los noticieros que ve en la noche mientras espera que, al fin, empiece la telenovela.

Pero Diana vive su telenovela y vive su noticiero. Historias del hambre, la carencia de afecto, la soledad, la pobreza, el desempleo, el desengaño, el madresolterismo, la falta de educación, la desigualdad. Es protagonista y personaje de muchas historias aunque ni siquiera lo sepa. También, mi triste Diana, es protagonista y personaje de las otras historias que no entiende, ésas que erradamente cree no le interesan o no le incumben. Ella es el ejemplo viviente de la guerra, de la especulación financiera, de la tributación desequilibrada, de los que abusan del poder, del mal uso de los recursos, de la mala distribución de la tierra, de la inestabilidad laboral, de la triste cobertura en salud.

Diana no sabe, y tal vez muera sin saberlo, que todo eso que muestran en la televisión es parte de su tragedia, pero ¿cómo podría vivir también con eso?

Ahora que me llamó, Diana me dijo que su cabeza está a punto de estallar, que lleva dos noches sin dormir y que cree que su compañero está saliendo con otra mujer.

*Periodista de la Universidad de Antioquia

¡Ay qué rico chorizo con arepa!

comida Sin Comentarios

Siempre que en mis blogs publico fotos de comida popular y fritanga pura, pienso en aquellos que están fuera de Colombia y que no han probado hace rato de estas delicias. En la imagen, unos chorizos se curan* al aire libre para después ser devorados por unos estómagos que sin peros, cortan este pedazo de tripa para luego bautizarlos en limón criollo. La tripa se hiere y asoma buenos pedazos de cerdo con deliciosos gordos teñidos de rojo, luego se le arropa con una buena arepa tela* y se pasa con un chocolatico en leche caliente.

¿Se le antoja a alguno de ustedes? / Restaurante en la zona de Don Diego, entrada a El Retiro en Antioquia

 *Curar: Preparar la carne o el pescado por medio de la sal, el humo, etc., para que, perdiendo la humedad, se conserve por mucho tiempo. www.rae.es

*Tela. Arepa Tela: Tortilla de maíz molido, amasao y estripao con tabla para que quede delgaa, cocida al calor. Múnera.

Nuevos usos

Objetos del diseño, Ventas ambulantes Sin Comentarios

Usted puede ir a las galerías externas de la Plaza Minorista de Medellín y encontrar decenas de carritos para bebé. Son reciclados coches puestos a la venta y no para su uso primario, sino para una nueva tendencia en las ventas ambulantes.

Se trata pues de el nuevo uso que están tomando los coches para bebé, que después de que el púber alcanza su independencia motora, quedan cesantes en su función transportadora y son guardados en cualquier zarzo o llega por mano de los recicladores a la Plaza Minorista. Allí son vendidos para un nuevo uso: Carrito de venta ambulante. Y la tendencia nace de esa necesidad de tener una chaza (caseta) ambulante para evadir la presión de las autoridades que prohíben nuevas casetas de ventas fijas en el espacio público, pero que si es móvil no pueden decirles nada.

Este carrito en particular vende mango con sal y limón injerto… ¡me salió saliva escribiendo eso!

PaS y amor

Estatuas humanas, Ortográficas Sin Comentarios

Esa tarde el viento hacía ondear la bandera que cubría el cuerpo de este anónimo monumento itinerante. Tal vez registrado por alguna prensa, el hombre Pas, demostraba los secretos de su rostro y exhibía orgulloso su faz y su antifaz. Las manillitas revelaban el sentido del viento mientras un mensaje de amor y paS quedaba en cada transeúnte que con afán dejaba su incentivo monetario.

Estatua Humana en el Parque de Berrío.

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