Día sin brillo

Cajitas de lustrar Sin Comentarios

Cajas chuteras. Así llaman a las cajitas de embolar de poca monta. Cajas que no tienenmucha elaboración artesanal y que pueden costar cualquier peso. Así es la caja de este improvisado embolador, una caja sin brillo como la mirada de él mismo, como su voz, ya que no puede expresarse bien. Una mirada perdida en los vacíos de su vida. Una sonrisa tenue, tímida y resignada.

Esperemos que ese camioncito consiga la carga que cada día necesita para transportar el alimento a una panza humilde.

Méjtase conmigo y verá como sale…

Oficios Sin Comentarios

Vigilante independiente en la Plaza Minorista de Medellín. Recuerdo a don Álvaro, vigilante del barrio en que me crié. Un voyerista matutino, que antes de tocar a la puerta para el servicio de “despertada”, silenciaba su pito de árbitro y se acercaba a las ventanas a fisgoniar y ver las amas de casa en sus batolas motudas. Ah don Álvaro picarón, ¿dónde estarás?, ¿en que ventana reposará tu rostro senil?

Virgen de la Cebolla Larga

Imaginería religiosa Sin Comentarios

Unos rosales milagrosos, nacen a los pies de la Vírgen de el Cebollal, por cierto hincha del Medellín, como muchos vendedores de la Plaza Minorista de Medellín.
De nuevo mi desconocimiento en estas imágenes. Diana mi esposa me corrige que ésta no es la Virgen del Carmen sino María Auxiliadora. Es que yo para los apellidos soy muy malito.

A Dios gracias

Letreros 1 Comentario

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AGRADECIMIENTO: Lé pedí a Dios de todo para disfrutar la vida
y me dió la vida para disfrutar de todo.

225, 144, 675… Serán para jugar en cuña y combinado.

Plaza Minorista de Medellín.

Éxtasis de color

Color, texturas, diseño Sin Comentarios
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¿Cómo negarse a ir a la Plaza Minorista de Medellín?
¿Cómo no alimentarse de fruta fresca y color de tierra?
¿Cómo no darle de comer al ojo en esta galería del impresionismo?

No dejo de maravillarme cada vez que visito esta plaza de mercado alumbrada por cítricos amarillos y naranjas que se vuelcan al rojo de la fruta madura. Iluminada también por variados verdes que cambian como sus precios. Matizada por cáscaras cafés, por pulpas rozadas y cremas.

Cómo no sorprenderme sabiendo que esos variopintos colores vienen todos de la tierra negra de nuestros suelos, esa misma tierra que se incrusta en las hermosas y callosas manos de nuestros campesinos.

¿De dónde acá la tierra guarda el verde de un tomate y le daba las reservas para que se convierta en rojo cuando sea grande? ¿Dónde esconde esa tierra negra los cremas mezclados con verde de las copas de la coliflor? ¿En qué envase guarda la tierra negra los aromas con que manda a la albahaca para mi casa y que perfuman mi nevera cada vez que la abro? ¿De dónde el capricho del plátano verde de madurar junto con sus hermanos de gajo y vestirse de amarillo dulce?

Nada como ver ese espectáculo de color y olor. Nada como echar una papa más pacompletar el kilo y partir la yuca pa mirarle el almidón. Nada como pedir la cuenta y tomar rumbo a donde me esperan las frutas, nada como coquetearle a todas ellas y llevarme algunas para mi hogar. Ver, oler, vivir.

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